ORIGEN DE LA LATA.

La historia del envasado de productos en latas de acero comienza en el año 1795 cuando el Gobierno de Napoleón ofreció 12,000 francos a quién idease un sistema capaz de conservar los alimentos en buen estado, con el objetivo de asegurar el abastecimiento de alimentos en condiciones óptimas a las tropas destacadas en las distintas campañas militares. La solución, aportada por el francés Nicolás Appert, fue introducir los alimentos en gruesas botellas de vidrio, cerradas con corcho y alambre que se cocían en agua hirviendo. Realmente se desconocía el motivo por el que se preservaban las propiedades vitamínicas y nutricionales de los alimentos pero, en cualquier caso, se descubrió la conserva.

Unos años más tarde, en 1812, Peter Duran patenta en el Reino Unido el envase de hojalata, destinado a la conserva de alimentos. El proceso de fabricación era totalmente artesanal a partir de una chapa de acero recortada, moldeada y soldada, obteniéndose un ritmo de producción de una lata por persona y hora. A partir de este momento, los avances técnicos en el diseño del envase y de los sistemas de envasado y conservación no han dejado de mejorar hasta nuestros días produciendo envases cada vez más versátiles, operativos y a un menor costo con menor cantidad de materiales.

Por otro lado, la conocida lata de bebidas, tal y como la conocemos hoy en día, es mucho más reciente; aparece por primera vez con tapa plana en 1935 y, en 1965 se inventó la tapa de apertura fácil. Actualmente se producen en el mundo unas 150.000 millones de unidades.
El envase de acero se fabrica a partir de hojalata, material formado por una lámina de acero recubierta electrolíticamente por ambas caras con una capa de estaño, cumpliendo siempre con ciertas propiedades constructivas según el producto que contenga, el proceso de producción y el destino final del producto.

Actualmente este tipo de envase es imprescindible para la comercialización de muchos productos, debido principalmente a las ventajas que aporta durante el envasado, transporte, almacenamiento, comercialización y uso final del producto por el consumidor. Es un envase que se caracteriza por su resistencia mecánica a los golpes y roturas durante su transporte y manejo, es muy versátil al admitir productos de cualquier naturaleza y estado, puede ser fabricado bajo una amplia variedad de formas y tamaños, es hermético a los agentes externos (líquidos, gases, sólidos, luz, insectos, roedores, etc.) y ligero estando vacío, preserva las propiedades alimenticias del producto, es inviolable al impedir su apertura en el punto de venta y fácilmente manipulable durante toda su comercialización y uso final, permite la decoración exterior con alta calidad de impresión, es biodegradable expuesto a la intemperie y fácilmente recuperable y reciclable.

Por todo ello, este tipo de envase se emplea en gran medida en el sector de alimentos y bebidas como envase de aceites, productos lácteos, alimentos deshidratados y secos, preparados, conservas de vegetales, frutas, carnes o pescados, etc, además de emplearse como tapón de envases de vidrio.

En el sector industrial aparece como envase de pinturas, aerosoles, pilas, juguetes, productos farmacéuticos y cosméticos, aceites y grasas industriales, productos químicos diversos, etc. En la tabla adjunta se muestra el porcentaje de uso de los envases según el producto final dentro del ámbito de la Unión Europea.

Fuente:
Revista Ambientum
Edición 2004